La voz de los administradores de fincas

Después de unos meses de incertidumbre y zozobra política, quizás nos encontramos en un periodo político en que se pregona la posibilidad de las alianzas y acuerdos entre los distintos partidos políticos. Nadie sabe si finalmente nuestro sistema institucional nos llevará por estos derroteros, o para decirlo con más precisión, cuánto tiempo va a mantenerse esta situación. Pero dure lo que dure lo cierto es que los partidos políticos van a ser más vulnerables que nunca, o más permeables, a las propuestas que puedan llegar desde la ciudadanía o desde los grupos de interés que legítimamente representan a los diferentes colectivos de la sociedad.

Es por ello cuando creo que los colegiados administradores de fincas y más en concreto, el Colegio de Administradores de Fincas de Madrid y el Consejo General deben de poner en valor el peso que tiene nuestra profesión en la sociedad.

Pocos grupos de personas o colectivos profesionales estamos en contacto diario con tantos ciudadanos a través de esos entes que son las comunidades de propietarios y pocas son las profesiones que, para nuestra suerte o desgracia, tocan tantos temas jurídicos o técnicos como los administradores de fincas y  es por ello que de una vez por todas debemos de hacernos oír en un periodo, en el que como decía, los padres de la patria estarán más receptivos que nunca a estudiar nuestra propuestas aunque solo sea por el temor a que otros grupos políticos puedan tener más sensibilidad para reconocer la labor de los profesionales que día a día llevan o deberían llevar la tranquilidad a los domicilios y empresas.

Pocos colectivos profesionales estamos en contacto diario con tantos ciudadanos a través de esos entes que son las comunidades de propietarios.

Pues bien, en mi opinión en esta coyuntura política que ahora acontece los administradores de fincas deben de poner en valor el inmenso poder y conocimiento que barajan no sólo en defensa de la propia profesión sino también de los propios ciudadanos, en cuanto comuneros.

Los ciudadanos y los administradores de fincas necesitamos una reforma de la LPH que se entienda y que solucione los problemas de los partícipes y de los profesionales. Como miembro que soy de la Comisión de Unificación de Criterios es totalmente anormal que entre los colegiados surjan tal cantidad de dudas en la aplicación de la ley sobre todo en lo que se refiere al régimen de mayorías.

El legislador debe de tomar cartas en el asunto, impulsado por nuestro colegio profesional, y simplificar la forma de adopción de acuerdos o al menos dar una redacción clara y limpia que permita, no solo a los propietarios saber qué mayorías son necesarias, sino que los Administradores de Fincas Colegiados podamos dar una opinión nítida, fundada en derecho, de los quorum necesarios para tomar acuerdos.

Los ciudadanos y los administradores de fincas necesitamos una reforma de la LPH  que solucione los problemas de los partícipes y de los profesionales.

Desde otra perspectiva en esta tribuna se ha escrito en varias ocasiones la necesidad de entrar en la era digital, tanto en la profesionalización de nuestros despachos como en la forma de comunicarse con los propietarios. Pero la modernización debe ir más allá; por poner un ejemplo, el sistema de juntas presenciales es un lastre tanto para los administradores como para los mismos comuneros con un sistema de reuniones propio del siglo pasado.

En fechas actuales se habla de la posibilidad de voto en las elecciones generales por medio de firmas digitales, pero se podría proponer que ese mismo sistema para ser utilizado en votaciones más directas aún. Países como Suiza o Estonia ya practican este sistema de votación digital para sus elecciones políticas y ahora se plantea en España este tipo de votación para residentes en el extranjero; pues bien ¿por qué no plantear que sistemas modernos de representación puedan ser llevados también a los sistemas de votación en las comunidades de propietarios?

Esta y no otras son las propuestas y la dirección de la brújula donde debemos de dirigir nuestros pasos, mayor visibilidad en la sociedad, mayor simplicidad para los comuneros y mayor claridad en el actuar de nuestro trabajo.  Quizás sea este el mejor momento en que nuestras reivindicaciones sean definitivamente escuchadas.

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