La Ley del siglo XXI que queremos

“Señor administrador: Como sabe la semana próxima tenemos una Junta General donde se debate un tema de fundamental importancia para la finca. Usted nos ha indicado que la votación del punto único debe de ser aprobada por una mayoría de 3/5 de los propietarios. Ahora bien, como propietario y vecino del quinto A, he estado consultando en Google, y entiendo que lo exigible es mayoría simple pero, se da la circunstancia que además se lo ha comentado a mi primo, que es abogado, y me indica que la aprobación debe de realizarse por unanimidad. Esperamos del cargo que asume en esta comunidad que aclare esta situación a la mayor brevedad posible a fin de evitar conflictos el mismo día de la reunión.”

Esto es la realidad cuando vas a una junta, puesto que la actual Ley de Propiedad Horizontal es tan farragosa y poco clara que cada uno entiende, para cada votación de un asunto, una mayoría por regla general distinta de lo que piensan los demás.

Son muchos los artículos que no ayudan, por ejemplo, el relativamente novedoso artículo 10 en relación con el artículo 14. Mientras el primero sanciona que determinadas obras tendrán carácter obligatorio y no requerirán de acuerdo previo de la Junta de Propietarios, casi animando a emprenderlas, el artículo 14 indica que hay que aprobar los presupuestos y la ejecución de todas las obras de reparación de la finca en la Junta General, como competencia directa suya que es.

La actual Ley de Propiedad Horizontal es tan farragosa y poco clara que cada uno entiende, para cada votación, una mayoría  necesaria distinta de la que piensan los demás

Eso sin contar que si el artículo 10 permite hacer la obra sin Junta General, explique usted a los propietarios que la obra decidida por el presidente hay que pagarla obligatoriamente, sin consulta previa de los mismos.

Una ley adaptada a las nuevas costumbres

Actualmente, cuando envías convocatorias y actas, los propietarios solicitan que no haya gastos de correos y que las notificaciones se hagan por vía electrónica porque les resulta más cómodo de recibir. Pero, haciéndolo así, posiblemente (tampoco está claro) estemos incumpliendo con la obligatoria constancia del envío que exige la Ley a la hora de este tipo de comunicaciones.

Si mandas un acuerdo de junta por mail y los vecinos no contestan, porque nadie contesta los e-mails, y no te mandan el visto bueno o el recibido del documento que hayas enviado ¿cómo justificas el envío? ¿Con un peritaje informático del envío de la convocatoria de la Junta donde se cambiaba el felpudo?

La Ley tendrá que ajustarse a las costumbres sociales y adaptarse a lo que los vecinos reclaman. Los vecinos no reclaman fehaciencia en los envíos, los propietarios lo que exigen es que las comunicaciones sean ágiles, rápidas y cómodas.

La Ley actual es ambigua y con falta de claridad por lo que la jurisprudencia de los Tribunales de primera instancia y apelación tienen sentencias contradictorias sobre un mismo tema. La LPH es nuestra herramienta de trabajo y como tal tiene que ayudar a los profesionales que la usamos y no cree trabas y zancadillas que pone a veces al administrador colegiado en evidencia por su falta de claridad.

Los vecinos no reclaman fehaciencia en los envíos, los propietarios lo que exigen es que las comunicaciones sean ágiles, rápidas y cómodas

Pero, sobre todo, lo que no debemos consentir los Administradores de Fincas Colegiados es esa forma actual de legislar, con mala redacción, textos largos, artículos aún más extensos y lejos de la redacción antigua en la que con todos los defectos que podamos encontrar, se ha podido mantener a lo largo de los años. Ahí está el Código Civil o la misma Ley Hipotecaria, que afectan también a nuestro trabajo, y ambas con decenas de años a sus espaldas pero con artículos -en su redacción inicial- cortos y precisos.

La Ley de Propiedad Horizontal que queremos es la del siglo XXI ajena a los encorsetamientos del siglo pasado y que permita administrar las fincas asumiendo los retos que se plantean en los tiempos de rápida información, asumiendo los propietarios la responsabilidad individual que implica vivir en comunidad, donde las obras generales existen, son necesarias y deben de asumirse, donde la ley no debe de poner barreras a las nuevas formas de comunicación sino ser una herramienta sencilla, corta, fácilmente entendible por los propietarios y por los vecinos. Sólo de esta forma se evitarían cientos de conflictos.

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