La importante labor de los administradores de fincas en la transformación del sector inmobiliario

Artículo de opinión en la revista Observatorio Inmobiliario

La evolución del sector inmobiliario no se puede entender sin prestar atención a la transformación que han experimentado las comunidades de propietarios, no sólo como figura jurídica, aunque no tengan personalidad reconocida, sino también como entes sociales donde se relacionan personas físicas (propietarios y vecinos) y jurídicas (bancos, fondos de inversión…).

No hay que olvidar que mientras que el promotor y/o constructor tarda dos o tres años en “poner en pie” un edificio residencial, el administrador de fincas profesional dedica 120 años, que es de media la vida útil de un inmueble, en mantener en un buen estado de conservación, uso y funcionamiento la que es considerada la mayor inversión de cualquier ciudadano.

En España más de un millón de comunidades de propietarios, de las cuales 200.000 se concentran en la Comunidad de Madrid, necesitan de la atención diaria de un profesional cualificado. En este sentido, los administradores de fincas somos el último eslabón del proceso constructivo, pero no por ello el menos importante y necesario.

Comunidades cada vez más complejas

La complejidad de las comunidades de propietarios ha llevado inherente, además, una mayor amalgama de normas, técnicas, jurídicas y administrativas, que en ocasiones son diferentes según la localidad y comunidad autónoma donde se ubique la vivienda. A más servicios (ascensores, telecomunicaciones, instalaciones deportivas, seguridad…), mayores obligaciones tendrá la comunidad de propietarios. Unas obligaciones que siempre van acompañadas de inspecciones reglamentarias (ITE, ascensores, eléctricas…), que se han intensificado en la última década, y cuyo cumplimiento responden a una mayor seguridad del ciudadano.

Desde 2005 hemos asistido a un cambio profundo del sector y, paradójicamente, lo único que no ha cambiado es la Ley de Propiedad Horizontal

La transformación digital también ha entrado de lleno no sólo en el sector inmobiliario, sino también en las Administraciones de Fincas, con una mayor introducción de los despachos sin papeles, y en las comunidades de propietarios, ya sea en clave del IoT (Internet de las Cosas) o de las obligaciones que tienen de comunicarse con la Administración de forma digital desde 2016.

Sin embargo, la profesionalización del sector sigue siendo el principal caballo de batalla, en donde cada vez se hace más necesaria la responsabilidad. Los administradores de fincas colegiados están respaldados por su Colegio con un seguro de Responsabilidad Civil de 1.200.000 euros. Pero la realidad es que todavía existen gestores, no colegiados, que no disponen de él, y que ponen en riesgo la seguridad de los ciudadanos. Una de las propuestas de la CEOE es que, en su condición de responsables de la gestión del principal patrimonio de la población, los administradores de fincas deben estar obligados a disponer de seguros que cubran su responsabilidad frente a sus clientes.

Formación multidisciplinar

Pero, además, la formación es un grado. Al igual que el sector inmobiliario está constantemente reciclándose, también lo tienen que hacer sus agentes. En este aspecto, los administradores de fincas colegiados continúan formándose, día a día, para que, por ejemplo, la aplicación del BIM, o los métodos de evaluación ambiental, no sean ajenos a la labor de la administración de las fincas durante su vida útil.

Con todo, y pese a que no podemos dar la espalda a una transformación del sector, se hace necesario que la vecindad vuelva a los edificios. Tenemos que dar respuesta a problemas que han existido siempre, pero que ahora se hacen más patentes, como la okupación o la soledad no deseada de los mayores, y otros de nuevo cuño, como la coexistencia de pisos turísticos en las comunidades de propietarios. Por poner un ejemplo, la participación de los fondos de inversión en la administración de fincas está distorsionando nuestro sector, ya que tienen unos intereses económicos ajenos a la profesión y no entran en cuestiones tan importantes como la deontología, la mediación…cuando se trata con comunidades, formadas por personas.

Desde 2005 hemos asistido a un cambio profundo del sector y, paradójicamente, lo único que no ha cambiado es la Ley de Propiedad Horizontal, que data de 1960 y regula el funcionamiento de las comunidades de propietarios en las que habita el 85% de los ciudadanos. No contentos con esto, los administradores de fincas colegiados, a través de su Consejo General, estamos trabajando en una nueva Ley, más acorde a nuestros tiempos y a los que están por llegar.

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