¿Está bien considerada la construcción sostenible?

Por Tania Lastra, periodista y directora del portal viviendadeprisa.es

“Primero, fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre. Ahora, es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza y los animales”. Rescato esta cita de Víctor Hugo para hablar, defender y comprender la evolución del sector de la construcción hacia una actividad más respetuosa con el medio que la rodea. Especialmente teniendo en cuenta que este sector genera un gran impacto medioambiental desde el diseño y construcción hasta la demolición pasando por los materiales o el uso que se haga de la edificación en cuestión.

Por eso, una construcción sostenible no es sólo aquella que utiliza unos materiales poco contaminantes, reciclados o reciclables sino también aquella que se adapta y es respetuosa con su entorno, ahorra recursos, ahorra energía y cuenta con los usuarios.

Impulso de la UE

La UE pretende que la construcción evolucione hasta lograr que las nuevas edificaciones ahorren al menos un 20% de la energía consumida hasta 2020. Una muestra más de que la construcción sostenible no sólo está bien considerada hoy sino que es una apuesta a futuro que seguirá ganando importancia social. Porque, además de ser menos contaminante y más respetuosa con el medio, también puede suponer un importante ahorro para los inquilinos o propietarios de esas viviendas, oficinas o locales en cuanto a gasto energético. Y no es una actividad menor. La construcción genera 20 millones de puestos de trabajo en Europa y supone casi la mitad del consumo energético y de materiales de la UE.

Hace unos seis años, tuve ocasión de hacer un reportaje sobre bioconstrucción para un programa de televisión que dirigía. Ya entonces, el arquitecto de la empresa con la que contactamos destacaba que, a pesar de que el coste de la construcción resultaba algo más elevado que el de las viviendas tradicionales, no debía contemplarse como un gasto sino como una inversión que se amortizaba en el corto-medio plazo. Una de las propietarias a las que entrevistamos nos lo confirmó. Había logrado tener una vivienda prácticamente autosuficiente que le generaba un gasto energético mínimo respecto a viviendas de las mismas características.

A pesar de que el coste de la construcción sostenible resulta algo más elevado que el de las viviendas tradicionales, no debe contemplarse como un gasto sino como una inversión

Cierto es que este “sobrecoste” respecto a la construcción más convencional está llegando antes a viviendas unifamiliares que incluyen el respeto medioambiental casi como una característica que sumar a las calidades de la vivienda. Como un añadido de alto standing. Pero todo cambia poco a poco y las normativas están contribuyendo a que tanto los edificios unifamiliares como los colectivos, públicos y privados, continúen su evolución (como lo han hecho hasta hoy).

En Guadalix de la Sierra, Madrid, ya pueden presumir de una vivienda unifamiliar de “construcción pasiva” que, con 135 m² y construida con materiales naturales, con un ahorro energético de hasta un 90%. Y pronto podremos disfrutar del rascacielos “verde” más alto del mundo, el edificio Bolueta, en Bilbao, una edificación que aspira a tener un gasto energético prácticamente nulo.

En resumen, la preocupación por ser más sostenibles existe también en la construcción. Tender hacia una construcción sostenible es bueno para el medio ambiente, para la salud del ciudadano y para su ahorro. Es presente y futuro. Y es una preocupación creciente. Según un estudio de Dodge Data & Analytics and United Technologies Corporation elaborado en 69 países entre ellos, España, el 60% de las empresas constructoras esperan que sus edificios certificados se dupliquen en el año 2018.

 

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